Había una vez una niña que era muy feliz, noble y confiaba
en las personas; con el tiempo esa niña creció y se convirtió en una linda
señorita, y como es natural en un momento conoció un chico muy especial, ella
lo vio con los ojos del corazón y pudo encontrar en él cualidades que quizá
nadie más veía, con el tiempo se fueron conociendo más y se enamoraron al principio
todo fue muy feliz, un poco extraño pero igual se querían mucha, él era muy
especial con ella lo que la hacía sentirse agradecida con la vida por la buena
suerte de encontrarse con un chico tan bueno.
Con el paso delos meses, la jovencita empezó a descubrir que
no todo era color de rosas y un día por fin se sacó la venda de los ojos y con
el corazón roto descubrió la mentira en la que vivía, el cuento de hadas que
había creído y que no era más que una cortina de humo para tapar a quien
realmente era ese chico que en algún momento fue tan encantador, esto destrozó el
corazón y la confianza de la chica al punto de creer que jamás podría confiar
en alguien de nuevo, que no podría abrir su corazón a nadie más y que ningún
chico llegaría a interesarle nunca más, al menos no para algo serio.
Por mucho tiempo parecía que realmente el destino de esta
chica sería quedarse sola, pues conocía diferentes chicos, pero a todos les
encontraba defectos antes de que llegaran a gustarle, ella creía que era su
manera de protegerse, creando un muro invisible que ninguno pudiera pasar.
Años después, sin darse cuenta ni proponerse esta hermosa
jovencita había conocido a un caballero, que sin querer queriendo fue ganándose
su confianza y demostrando con el paso del tiempo muchas cualidades que a la
cica le gustaron, y sin darse cuenta terminó encontrando la puerta para
atravesar el muro que esta joven había creado tiempo atrás como media de
protección.
Ahora este chico se encuentra frente a una puerta que ni la
misma chica sabía que existía, y ahora sólo sabe que tiene miedo de dejarlo
entrar, pero más miedo le daría perder esta oportunidad. Es así como una bella doncella después de
recuperarse del daño hecho se siente lista para volver a intentarlo una vez
más, porque ningún daño ni dolor puede ser eterno, y por miedo a ser dañadas no
podemos negarnos la posibilidad de vivir, querer y ser queridas.


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