Hace mucho tiempo dije que eres
como un día de verano…
Se me ocurrió por una descripción
física… Cómo no, sí el color del sol
está en tu cabello, el azul de un cielo despejado se refleja en tus
bellos ojos y la frescura de una ligera brisa acompaña tu sonrisa.
Pero si vamos más allá de lo
rubio con ojos azules y linda sonrisa que puedas ser, sigues semejándote a un
día de verano, tienes vitalidad, eres activo y deportista, con un alma alegre y musical.
Sin embargo en los días soleados,
debemos protegernos, no exponer mucho nuestra piel al sol, inclusive a veces
tanto calor puede ser incómodo, es más hasta desagradable para algunos según
las circunstancias; curiosamente esas características también las encontré en
ti, claro no al principio, sino mucho tiempo después, cuando pasa la ilusión y
queda la realidad.
Como cuando después de mucho
tiempo de verano, ya no deslumbra el cielo azul y los rayos del sol encima tuyo
irradiando un calor sofocante, y recuerdas lo perjudicial que puede ser para la
salud una sobre exposición a esto, lo mismo me pasó contigo al punto que
entendí que detrás de tanta belleza y cualidades había oculto un nivel de
toxicidad que era dañino para mi salud mental y emocional, para mi crecimiento
personal.
Fue de este modo que me di cuenta
que no me equivoqué, sí que eres un día de verano, pero las vacaciones
terminaron y digamos que me gusta más el frio; Entonces corrí por un
bloqueador, un gran sombrero, lentes de sol y me arme de valor para protegerme
de tus incandescentes rayos, decirte adiós y buena suerte.
Desde ese día mi vida se basa en
un día de verano como si fueran unas vacaciones permanentes, sino que está
equilibrada entre días soleados y otros nublados, pero todos felices y siempre
girando en torno a mi bienestar.



