Ayer fue el debut de
la selección Colombia en el Mundial de Rusia 2018, y como buena princesa
tricolor me desperté temprano para ponerme la camiseta y alentar a la
selección.
Desgraciadamente el partido era tan temprano que me quedé
dormida, y creo que eso afecto en la suerte de mi equipo. Cuando desperté teníamos
un jugador menos y un gol en contra; nooo ellos también se quedaron dormidos… Estábamos
en una pesadilla grupal.
Pero empecé a gritar y alentar tan fuerte a la selección que
mis gritos llegaron de Lima hasta Rusia haciendo
que los jugadores se adentraran en el juego hasta sus últimos esfuerzos,
pudimos empatar y el corazón se volvía a acelerar con la ilusión de ganar, pero
no fue posible, seguramente el divino niño ya había cumplido muchos milagros
por el país de la tricolor y necesitaba recargar sus poderes.
Sin embargo lo que nunca desfallece es la fe e ilusión de
todo un país representado con orgullo y pasión por sus jugadores que con el
amor a su camiseta dejan hasta la última gota en la cancha y por esta pequeña
princesa que jamás dejará de alentar a la tricolor porque pierda, empate o gane
contigo siempre mi selección y que el mundo no se olvide que aquí van 1 sueño,
3 colores y 50 millones de corazones como dice
el bus en que recorremos Rusia.