Es
viernes estoy con mis amigos en el malecón, tomamos algunos litros de ron pues queremos
celebrar que acabaron los finales.
De
repente llega un olor familiar, es el
grupo de al lado, Javier y yo lo reconocemos al instante, ese particular
perfume, nos recuerda a Claudia y el paseo que hicimos hace dos meses.
Nos
fuimos de campamento el fin de semana a un bosque cerca del lago, un lugar
tranquilo, pero yo estaba mal pues había terminado con mi flaco.
Estaba
sentada junto al fuego cuando vino mi amiga Claudia, estaba fumando empezamos a
conversar, le conté le que había pasado con Juan y ella me dijo que no
estuviera mal. Me invitó a probar de su cigarro, que con una piteada me
relajaría y al final yo accedí, fue el día que probé la marihuana.
Desde
ahí ese olor a hierba quemada lo reconozco muy bien, y aunque pocas veces lo
volví a hacer, solo la consumo con Javier en memoria de Claudia su enamorada,
quien ya no nos compaña; pero su recuerdo siempre se hace más vivido con ese
olor tan característico, que al penetrarnos los sentidos nos invitaba a ir al
grupo de al lado y compartir un cigarro.


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